Hace tiempo la idea que tenía del filósofo era la de una persona despreocupada, que se levantaba por la mañana y salía a la calle despeinado, con calcetines de distintos colores, con una combinación de ropa que era el hazmerreír de la gente. Así al menos lo pintaban los comics de mi colegio, y tal vez por eso elegí no estudiar filosofía inicialmente. Cuando con muy poca convicción tomé mi primer libro de filosofía, pensé que terminaría siendo como ellos. Sin embargo, a poco de leer las primeras páginas mis prejuicios desaparecieron por completo. Era un libro del filósofo griego Platón, que recoge los diálogos que su maestro Sócrates sostuvo con algunos discípulos. Me llamó la atención su cercanía con la gente. Planteaba preguntas que hacían pensar, y sus respuestas eran tan claras y diáfanas, que despejaban dudas sobre temas muy difíciles. Su prodigiosa inteligencia no estaba al servicio de la curiosidad intelectual, sino que pretendía educar a la juventud. Los situaba frente a sí mismos, como frente a un espejo, para que viesen si sus vidas eran acordes con lo que ellos mismos descubrían como verdadero. Sobre todo quería que fuesen buenas personas.
Hoy la filosofía ha pasado un poco de moda. Antes hubo buenos científicos que estudiaron filosofía paralelamente con su ciencia, pero hoy no es tan común. Tal vez los jóvenes buscan una profesión rentable, o tienen poca afición por los libros que no sean de aventuras, o han leído esos comics que caricaturizan a los filósofos. Si se preguntara a los jóvenes si acaso creen que la filosofía es útil para algo, pensamos que muchos dirían que no. Por lo menos, a mí me han preguntado varias veces: ¿para qué estudias filosofía? Les expongo entonces los temas filosóficos que me interesan o les hablo de mis filósofos preferidos. Percibo en sus caras que están descubriendo algo nuevo, porque nunca les habían explicado lo que era la buena filosofía. A veces solo han estudiado lógica o algún área que no les apasionó, y la abandonaron apenas pudieron. Sin embargo, si se les proponen temas sobre los que suelen preguntarse, el interés reaparece.
En el artículo Quine sugiere que la filosofía, como en los tiempos antiguos, sigue interesándose por lo que debe interesarse. Platón y Aristóteles e incluso filósofos más recientes como Descartes y Leibniz eran científicos, y no debe sorprender que los filósofos de hoy se interesen también por estos temas. Si el interesarse en ellos lleva a pensar que la filosofía ha perdido su papel, es un error. Lo que sí es cierto es que el conocimiento ha crecido exponencialmente en el último siglo, y es difícil que alguien ajeno a las ciencias y a la filosofía, se interese o entienda los asuntos que ellas tratan. Según Quine, desde Gottlob Frege y la adopción de la lógica formal, la filosofía se convirtió en una ciencia seria, y quien no entienda ésta no podrá seguir sus argumentos. Nos parece que esto no es del todo correcto, ya que no existe un único método desde el cual abordar los problemas filosóficos. Antes se aplicaba un método y actualmente otro, pero no por eso la filosofía antigua no era ciencia. Pareciera como si por fin hubiera cedido su antiguo rol para convertirse en lo que se esperaba de ella.
Los filósofos deberían tratar los temas que interesan a la gente, mantener encendida esa llama de la sana curiosidad, planteando preguntas profundas y guiando hacia la respuesta. Según nuestro modo de ver, el atractivo de la filosofía está justamente en tratar los temas que atañen a la gente de la calle, y lo que les interesa es un conocimiento para la vida. Por eso, si se presenta la filosofía como una ciencia propedéutica al servicio de las demás, o con un lenguaje y un método complejo que solo unos pocos comprenden, se la despoja de su atractivo. Ese sitio está reservado a la filosofía, y si ella voluntariamente lo abandona, no habrá un candidato apto para reemplazarla. Las ciencias lo intentarán pero no serán capaces de abordar los temas como lo hace el buen filósofo, porque estudian la realidad fraccionándola, miran la realidad cada una desde su punto de vista. Sin embargo, la realidad que vivimos no es así, no está parcelada, es una y nos enfrentamos a ella entera. Se requiere entonces un conocimiento que la aborde en su integridad, que reflexione sobre la vida humana y ayude a descubrir qué tipo de vida es la vida buena. Esto pretendía la filosofía antiguamente y este conocimiento es el que se echa en falta en la sociedad de hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario