Hace un tiempo, una persona me decía que, mientras más libertad
se conceda a las personas, mejor. Por eso, se deberían dictar leyes que
toleraran cualquier tipo de uniones y de familia, porque eso pertenece
al ámbito individual, y –en su opinión– no afecta a la sociedad o, al menos, ha de respetarse la libre decisión de los individuos. Por otra
parte, hace unas semanas leí que en un estado de Estados Unidos, a las personas
no videntes se les permitirá portar armas de fuego. Algunas de estas personas, supuestamente
beneficiadas con esta medida, se opusieron tajantemente a la resolución, por
los previsibles accidentes indeseados que causarían ellas mismas. Se ve entonces
que el razonamiento que tan frecuentemente oímos: “mientras más libertad,
mejor”, conduce a paradojas.